La primera fotografía tomada y compartida desde un teléfono móvil fue realizada por el ingeniero de software francés Philippe Kahn el 11 de junio de 1997. Para conseguir este hito, Kahn creó un prototipo conectando una cámara digital Casio QV a un teléfono Motorola StarTAC y a un ordenador portátil Toshiba, compartiendo después la imagen de su hija recién nacida, Sophie, por correo electrónico a través de Internet.
Kahn envió la foto a través de correo electrónico a más de 2.000 personas entre familiares, amigos y conocidos, marcando el inicio de la fotografía móvil y la posibilidad de compartir imágenes de forma instantánea desde un dispositivo móvil. Esta fotografía pionera fue reconocida en 2016 por la revista Time como una de las 100 fotografías más importantes de la historia.
En plena década de 1950, la energía atómica no solo era símbolo de poder militar, sino también un imán para la curiosidad popular. Tras la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Era Atómica, la energía nuclear no solo se presentaba como un símbolo de poder militar, sino también como un horizonte de progreso, modernidad y hasta de entretenimiento. La fascinación pública por lo atómico dio lugar a un tipo de turismo muy particular en Estados Unidos (y en menor medida en Europa y la URSS, de manera mucho más restringida), donde la gente acudía voluntariamente a ver pruebas nucleares o instalaciones relacionadas.
Las Vegas, todavía una ciudad en expansión por entonces, se convirtió en el epicentro de esta extraña atracción. A poco más de cien kilómetros al norte de la ciudad se encontraba el Nevada Test Site, uno de los escenarios principales para las pruebas nucleares.
Lejos de ocultarlas, el gobierno publicaba los calendarios de detonaciones y los hoteles las usaban como reclamo turístico. Los visitantes podían reservar habitaciones en hoteles como el Desert Inn o el Sand’s Hotel que ofrecían vistas privilegiadas y madrugar para contemplar la nube en forma de hongo que se elevaba en el horizonte. Los casinos organizaban fiestas temáticas, bautizadas como Atomic Bomb Parties, en las que los turistas brindaban con cócteles mientras la tierra temblaba a lo lejos. Incluso se celebraban concursos de belleza como "Miss Atomic Bomb", donde jóvenes lucían trajes adornados con nubes nucleares de algodón.
La fascinación por lo atómico impregnaba de hecho gran parte de la vida cotidiana. Los restaurantes ofrecían menús especiales, las tiendas vendían recuerdos relacionados con la era nuclear y la palabra "atomic" se asociaba a modernidad y glamour. En paralelo, el acceso a ciertas instalaciones nucleares experimentales se abría al público en visitas guiadas, presentando la energía atómica como la promesa de un futuro luminoso y pacífico.
Pero lo que quizás resulta más inquietante de este peculiar turismo nuclear de los años 50, es que casi nadie parecía preocuparse por los riesgos. Las partículas radiactivas viajaban con el viento desde el desierto hasta la ciudad, y tanto turistas como residentes quedaron expuestos sin saberlo. Décadas más tarde, muchas de esas personas desarrollarían enfermedades relacionadas con la radiación, un capítulo amargo que contrastó con el entusiasmo ingenuo de aquellos años.
En cualquier caso, esta "moda" del turismo nuclear comenzó a decaer a finales de la década de 1950 y principios de los años 60, cuando las pruebas empezaron a realizarse bajo tierra y la nube atómica dejó de ser visible para los espectadores.
Un grupo de turistas observando el cráter tras una prueba nuclear en Nevada, cerca de Las Vegas, en la década de 1950
Fotógrafos y periodistas observando una explosión nuclear cerca de Las Vegas en 1957
Prueba nuclear al fondo de la imagen vista desde el tejado de un hotel de Las Vegas
Fotografía del Strip de Las Vegas con el "hongo" de una explosión nuclear al fondo
La modelo Lee Merlin posando como "Miss Atomic Bomb" en un concurso organizado por el Sands Hotel de Las Vegas en 1957
Un grupo de curiosos aparcan sus coches en el desierto de Nevada para poder observar las pruebas nucleares
Clientes de un hotel de Las Vegas observando una prueba nuclear desde la piscina en 1953
Turistas y militares se reúnen en el desierto de Nevada para contemplar una explosión atómica
El impresionante tamaño de un cráter tras la explosión de una bomba nuclear en la década de 1950
Un grupo de fotógrafos captando con su cámara en los años 50 una de las pruebas nucleares en Nevada, al norte de Las Vegas
Vista aérea del terreno de Nevada lleno de cráteres donde se realizaron numerosas pruebas nucleares
Una de las fotografías más icónicas y representativa del turismo nuclear en los años 50, con los clientes de un hotel de Las Vegas observando dese la piscina la nube de hongo tras una prueba nuclear en 1953
Las pruebas nucleares en el desierto de Nevada como reclamo turístico de Las Vegas en los años 50
El 12 de mayo de 1984 se celebraba en Alemania un evento único que muy pocas veces se ha dado a lo largo de la historia del automovilismo: una carrera en el circuito de Nürburgring en el que varios campeones del mundo de Fórmula 1 competían entre ellos con el mismo coche, un Mercedes 190 E 2.3-16.
Se trataba de una carrera de exhibición que se conoció oficialmente como la Carrera de Campeones de Nürburgring de 1984 (1984 Nürburgring Eröffnungsrennen), y fue organizada por Mercedes-Benz con un doble objetivo. Por un lado, la empresa alemana buscaba promocionar de esta forma su nuevo modelo Mercedes 190 E 2.3-16, el cual tenía un aspecto mucho más deportivo, con un motor de 2.3 litros y 16 válvulas, y una potencia de 185 caballos. Por otra parte, se eligió Nürburgring de manera expresa para celebrar y dar a conocer al público el nuevo trazado del histórico circuito.
Pero sin duda la gran atracción de esta carrera de campeones fue los pilotos invitados al evento. En la carrera participaron 20 de los mejores pilotos de ese momento, entre los que se encontraban 9 campeones del mundo de Fórmula 1, así como conocidos pilotos de otras competiciones y pilotos jóvenes que estaban empezando a despuntar y que poco tiempo después también serían campeones del mundo, como Ayrton Senna o Alain Prost.
Todos ellos competirían en la carrera con el mismo coche, un Mercedes 190 E 2.3-16 al que se añadieron pequeñas modificaciones para competir (particularmente en materia de seguridad y rendimiento) y en las mismas condiciones.
La Carrera de Campeones de Nürburgring de 1984 reunió así a la mayor cantidad de campeones de cualquier carrera automovilística importante en la historia. La lista de participantes incluía a 9 campeones del mundo de Fórmula 1, James Hunt, Niki Lauda, Denny Hulme, John Surtees, Phil Hill, Jack Brabham, Keke Rosberg, Jody Scheckter y Alan Jones; a los que se sumaron otros conocidos pilotos de la época, como Stirling Moss, Carlos Reutemann, John Watson, Alain Prost o Ayrton Senna.
Con una asistencia de 120.000 espectadores, el evento comenzó con varias exhibiciones y desfiles, para realizar posteriormente una clasificación a una vuelta con la que conformar la parrilla de salida de la carrera. Alain Prost fue quien consiguió la pole, con Carlos Reutemann en segunda posición y Ayrton Senna tercero.
La Carrera de Campeones de Nürburgring de 1984 se celebró a 12 vueltas y el ganador de esta histórica prueba de automovilismo fue Ayrton Senna, en una actuación que muchos consideran uno de los momentos clave de su carrera y que marcó su ascenso en el mundo de la competición, venciendo a varios campeones del mundo con el mismo coche.
También fue destacable la actuación de Niki Lauda, quien no había podido participar en las prácticas previas y únicamente pudo clasificarse 14º. Sin embargo, su desempeño en la carrera fue brillante y acabó segundo, a menos de dos segundos del ganador.
Alain Prost por su parte, a pesar de su gran clasificación, acabó 15º la carrera, si bien es cierto que sufrió varios percances, primero con Ayrton Senna en la primera vuelta (un preludio de la histórica rivalidad entre ambos pilotos), y posteriormente con el italiano Elio de Angelis, lo que le hizo perder varios puestos que luego no pudo recuperar.
Además del prestigio que supuso para Senna ganar esta histórica carrera, el piloto brasileño recibió como premio un ejemplar nuevo del modelo Mercedes 190 E 2.3-16. El coche original con el que ganó fue llevado al Museo Mercedes-Benz de Stuttgart, donde se exhibe actualmente.
Cuando pensamos en París, la imagen de la Torre Eiffel es casi inevitable. Lo mismo ocurre con Río de Janeiro y el Cristo Redentor, o con Nueva York y la Estatua de la Libertad. Estos monumentos se han convertido en emblemas inseparables de sus ciudades, hasta el punto de que cuesta imaginar cómo eran antes de su existencia. Sin embargo, muchas de estas urbes ya eran centros culturales, comerciales o políticos mucho antes de que sus símbolos arquitectónicos más conocidos fueran siquiera proyectados.
Gracias a la invención de la fotografía en el siglo XIX y a los registros históricos, hoy podemos asomarnos a algunos de esos momentos previos, cuando los skylines de las ciudades eran muy diferentes. Ver imágenes de París sin la Torre Eiffel, o de San Francisco sin el Golden Gate, no solo despierta la curiosidad, sino que también permite entender cómo evolucionó el paisaje urbano y cómo ciertas construcciones transformaron para siempre la identidad visual de las ciudades.
El centro de la ciudad de París en 1865, sin la Torre Eiffel.
Bedloe Island a principios de la década de 1880, cuando la isla estaba ocupada por el Fuerte Wood y antes de que se erigiera la Estatua de la Libertad (en la imagen se puede ver la construcción del pedestal para la estatua). La isla pasó a llamarse posteriormente como Isla de la Libertad.
La isla de Alcatraz en la década de 1860, antes de convertirse en una fortaleza militar y de que se construyera posteriormente la famosa cárcel de Alcatraz.
La bahía de Sídney en 1950, antes de que se construyera en el lugar el icónico edificio de la Ópera de Sídney.
El "Strip" de Las Vegas a principios del siglo XX, cuando Las Vegas solo era por entonces un pueblo más del Salvaje Oeste y aún no se habían construido sus famosos casinos y hoteles.
El Monte Lee en 1920, antes de que se colocara el icónico cartel de Hollywood.
En 1956, en la ciudad de Venecia se emprendió un importante proyecto para drenar y limpiar sus canales por primera vez en siglos. Este evento, conocido como la "Svolte di Popolazio", tuvo como objetivo mejorar el saneamiento y limpiar la acumulación de sedimentos y escombros que se habían acumulado con el tiempo. El proyecto implicó drenar los canales, retirar el material acumulado y reparar la infraestructura, y sirvió también de paso para estudiar los lechos de los canales y los detalles arquitectónicos ocultos.
El proceso de limpieza implicó una meticulosa planificación y coordinación, con ingenieros, trabajadores y voluntarios trabajando juntos para gestionar el flujo de agua y retirar los escombros. A medida que se drenaban los canales, se revelaron artefactos perdidos, barcos hundidos y estructuras antiguas. La "Svolte di Popolazio" no solo mejoró finalmente el saneamiento de las vías fluviales, sino que también ayudó a reducir el riesgo de inundaciones y a preservar la singular infraestructura de la ciudad.
Durante la década de 1920, en Estados Unidos comenzaron a surgir algunas asociaciones de derechos humanos que buscaban defender los derechos de los homosexuales en el país. En determinadas ciudades, como la Nueva York de principios del siglo XX, en algunos barrios se podían encontrar incluso varios locales y zonas más abiertas para los homosexuales, como el Bowery o Harlem.
Sin embargo, a los derechos de los homosexuales en Estados Unidos (y en el resto del mundo) aún les quedaba un largo trecho por recorrer. Esta histórica fotografía, tomada en 1910, nos muestra cómo era el trato que por lo general recibían los homosexuales en muchos estados del país por aquella época. En ella podemos ver a dos presos, condenados por su homosexualidad en la Penitenciaría Estatal de Canon City (Colorado), y castigados con trabajos forzados a transportar enormes rocas vestidos de mujer.
En la mañana del 4 de agosto de 1897, un joven agricultor llamado Manuel Campello Esclapez, estaba ayudando a su familia en unas labores agrícolas en la loma de La Alcudia, Elche (Alicante), cuando se topó con una piedra y descubrió por casualidad el busto de la Dama de Elche, una escultura íbera datada entre los siglos V y IV a.C. y considerada una obra maestra de la cultura y el arte ibérico.
El propio Manuel afirmó que contaba con 14 años en el momento del histórico descubrimiento, si bien al parecer debía tener en realidad 18 años según su partida de nacimiento. En cualquier caso, Manuel no volvería a ver la escultura hasta 1958, cuando la Dama de Elche se expuso en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
El descubridor de la Dama de Elche vio por última vez la escultura en Elche, en octubre de 1965, momento en el que se tomó esta histórica fotografía, cuando el busto se expuso en el Parque Municipal de la ciudad. Manuel moriría pocas semanas después, en diciembre de 1965, con 86 años de edad.