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Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Antes de que existieran organizaciones dedicadas a registrar récords como el Guinness World Records, algunas personas ya alcanzaban fama internacional debido a sus extraordinarias características físicas. Uno de los casos más llamativos es el de Henry Behrens, considerado durante décadas el hombre más pequeño del mundo. Con apenas 76 centímetros de altura (30 pulgadas), este diminuto artista recorrió Europa y América, convirtiéndose en una auténtica celebridad de los espectáculos de variedades de la primera mitad del siglo XX.

Aunque durante años circularon numerosas historias sobre sus orígenes, hoy se sabe que Henry Behrens nació hacia 1895 en Brasil, en el seno de una familia de ascendencia alemana. Los detalles de su infancia son escasos y en ocasiones contradictorios, algo habitual en las biografías de muchos artistas de feria de la época. Lo que sí está bien documentado es que su excepcional estatura le abrió las puertas del mundo del espectáculo cuando aún era muy joven.

Su carrera artística comenzó después de ser descubierto por el empresario británico Burton Lester, quien vio en él una gran atracción para sus espectáculos itinerantes. Con sus 76 centímetros de altura y apenas 15 kilos de peso, Behrens empezó a actuar en teatros, circos y salas de variedades de Europa y Estados Unidos, donde era anunciado como "The World's Smallest Man". El público acudía por miles para contemplar a aquel hombre cuyo tamaño apenas superaba el de un niño pequeño.

Sin embargo, Henry no basó su éxito únicamente en su reducido tamaño. Era un artista carismático, con gran facilidad para relacionarse con el público, y dominaba cuatro idiomas, una habilidad poco común que le permitía desenvolverse con naturalidad durante sus giras internacionales. Sobre el escenario era conocido con el nombre artístico de "Colonel Peewee", personaje con el que realizaba actuaciones llenas de humor y simpatía.

Fuera de los focos, Behrens llevó una vida relativamente tranquila. En 1932 contrajo matrimonio con Emmie Behrens, una mujer nacida en Leeds (Inglaterra) que medía aproximadamente un metro de altura. La pareja se instaló en la localidad costera de Worthing, en el condado de West Sussex, donde residieron durante muchos años. 

Durante su carrera concedió numerosas entrevistas y posó para infinidad de fotografías y tarjetas postales, algunas de las cuales siguen conservándose en la actualidad. En ellas suele aparecer junto a personas de estatura media, lo que permite apreciar el extraordinario contraste de tamaño que tanto fascinaba al público de la época. 

Aunque posteriormente otras personas han ostentado oficialmente el título de hombre más pequeño del mundo, Henry Behrens continuó realizando apariciones públicas durante buena parte de su vida y siguió siendo una figura muy popular y emblemática entre los aficionados al circo y al vodevil, hasta que falleció en 1961. 

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

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Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Fotografías de Henry Behrens, el hombre más pequeño del mundo

Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

En abril de 1956 tuvo lugar un encuentro tan breve como memorable entre dos de las figuras más famosas del siglo XX. Brigitte Bardot, una joven actriz que comenzaba a conquistar el cine europeo, visitó a Pablo Picasso en la Villa La Californie, la espectacular residencia y estudio donde el artista vivía y trabajaba en Cannes. Aunque apenas pasaron unas horas juntos, la reunión quedó inmortalizada en una serie de fotografías que hoy forman parte de la historia de ambos.

Cuando Bardot llegó a la villa, Picasso tenía 74 años y era ya una leyenda viva del arte moderno. La actriz, por su parte, contaba apenas con 21 años y estaba a las puertas de convertirse en un fenómeno internacional gracias al estreno, pocos meses después, de la película "Y Dios creó a la mujer", dirigida por su marido, Roger Vadim, quien también la acompañó durante la visita.

La Villa La Californie era un lugar fascinante. Desde que se había instalado allí en 1955, Picasso había transformado la mansión en un inmenso taller creativo. Los amplios ventanales inundaban de luz las estancias, mientras cuadros, esculturas, cerámicas, lienzos inacabados y objetos de todo tipo se acumulaban por las habitaciones. Más que una casa, parecía un universo construido alrededor de la imaginación del pintor.

Durante la visita, Picasso ejerció de anfitrión y mostró a Bardot y Vadim algunos de los espacios donde trabajaba. Las fotografías tomadas aquel día reflejan un ambiente sorprendentemente relajado. Se puede ver al artista sonriendo, conversando con naturalidad e incluso bromeando con la actriz, que aparece observando con curiosidad las obras y el peculiar estudio del malagueño

Aquellas imágenes poseen hoy un enorme valor histórico porque reúnen a dos generaciones completamente distintas de la cultura del siglo XX . Picasso representaba la gran revolución artística de la primera mitad de siglo; mientras que Bardot encarnaba una nueva forma de entender el cine, la moda y la libertad femenina que marcaría profundamente la década de los sesenta.

La reunión no tuvo un objetivo profesional concreto. No se trataba de una sesión de trabajo ni de un encargo artístico, sino de una visita de cortesía entre dos celebridades que admiraban mutuamente sus respectivas trayectorias. Aun así, el encuentro despertó un gran interés en la prensa de la época, precisamente por reunir a dos de los personajes más fotografiados del momento.

Como curiosidad, muchos aficionados al arte se preguntan por qué Picasso nunca realizó un retrato de Brigitte Bardot. La respuesta es sencilla: el pintor solía reservar sus retratos para personas de su entorno más íntimo, especialmente familiares, amigos cercanos y sus parejas o musas. Además, en aquellos meses estaba completamente concentrado en otros proyectos que ocupaban toda su atención, por lo que aquella visita quedó simplemente como un agradable encuentro y no como el inicio de una colaboración artística.

Aunque no surgió ninguna obra de aquel día, las fotografías conservadas permiten imaginar cómo fue aquella conversación entre dos iconos irrepetibles.

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Fotografías de Pablo Picasso y Brigitte Bardot en el estudio del pintor en Cannes (1956)

Los boxeadores de circo George Moore "el esqueleto viviente" y Fred Howe "el gordo" (1897)

George Moore, conocido como "el esqueleto viviente" (the living skeleton), y Fred Howe, apodado "el gordo" (the Fatman), fueron dos conocidos artistas de circo de finales del siglo XIX que adquirieron cierta notoriedad gracias a su cómico espectáculo de boxeo

El padre de Fred Howe era carpintero, y Fred comenzó a aprender el mismo oficio, pero pronto comenzó a engordar y decidió unirse al Forepaugh Circus a la edad de 18 años para trabajar en el mundo del espectáculo. Allí conoció a George Moore, quien se convertiría en su inseparable compañero y amigo, recreando ambos divertidas veladas de boxeo gracias a sus peculiares diferencias físicas.

George Moore por su parte, trabajó en la tienda de su padre en Montana hasta los 21 años, pero su mayor deseo era viajar y conocer mundo. Cuando un espectáculo de circo pasó por la ciudad y el gerente le ofreció un contrato para exhibirse como el "esqueleto viviente", no se lo pensó dos veces y se unió de inmediato.

El éxito entre el público con su espectáculo de boxeo fue obviamente debido a la considerable diferencia física que había entre ambos. El "esqueleto viviente" George Moore medía 1,92 metros de altura y tenía un peso de apenas 44 kilos, mientras que su amigo y contrincante en el espectáculo, Fred Howe "the Fatman", apenas alcanzaba la estatura de 1,40 metros pero tenía un peso de 190 kilos.

Los boxeadores de circo George Moore el esqueleto viviente y el gordo Fred Howe

Los boxeadores de circo George Moore el esqueleto viviente y el gordo Fred Howe

Los boxeadores de circo George Moore el esqueleto viviente y el gordo Fred Howe

Los boxeadores de circo George Moore el esqueleto viviente y el gordo Fred Howe

Dizzy Dali Dinner, la cena surrealista organizada por Salvador Dalí en 1941

En 1941, el noticiero de la Paramount News publicaba un reportaje titulado "Dizzy Dali Dinner", donde recogía imágenes y relataba a lo espectadores una de las noticias de sociedad más curiosas del año: una fiesta organizada por Salvador Dalí en la Sala Bali del Hotel Del Monte, en Monterey (California). 

El evento se celebró el 2 de septiembre de 1941 y se tituló "Una noche en un bosque surrealista" (Night in a Surrealist Forest Ball). Se trataba en realidad de una recaudación de fondos para ayudar a los artistas europeos que habían acabado como refugiados en otros países a causa de la Segunda Guerra Mundial.

Fiel a su característico estilo, Dalí buscó ofrecer a los invitados una cena totalmente surrealista. La anfitriona del evento fue la mujer del pintor español, la también artista surrealista, Gala Dalí (Elena Ivánovna Diákonova), quien recibió a los invitados vestida como un unicornio y recostada en una cama gigante de terciopelo rojo, mientras acariciaba la cabeza de un cachorro de león.  

A los asistentes a la cena se les pidió que usaran disfraces que representaran sus sueños, y entre algunas de las celebridades que acudieron al evento se encontraban Bob Hope, Alfred Hitchcock, Bing Crosby, Gloria Vanderbilt o Ginger Rogers. Tras disfrutar de diversos entrantes, el plato principal eran ranas vivas, las cuales no tardaron en escapar del plato dando saltos.

La icónica fiesta diseñada por Dalí apareció en numerosas revistas y citas de periódicos, siendo denominada en ocasiones como "la fiesta del siglo". Décadas después, en 2012, Barbara Briggs-Anderson y Julian P. Graham publicarían un libro titulado "A Surrealistic Night in an Enchanted Forest" (disponible en Amazon), en el que se narran los preparativos y todo tipo de detalles de la fiesta, así como una buena colección de fotografías de este curioso evento.  

Aquí puedes ver también el noticiero original Dizzy Dali Dinner en el que se recoge la surrealista cena ofrecida por Salvador Dalí en California en 1941: