Fotografía de la valla de Melilla en los años 70

Antes de convertirse en una compleja infraestructura fronteriza, la valla de Melilla era muy distinta décadas atrás. En los años 70 apenas existía una barrera física continua entre la ciudad española y Marruecos. En muchos tramos, la separación consistía simplemente en una modesta alambrada metálica o una cerca de baja altura, suficiente para marcar el límite fronterizo, pero lejos de impedir el paso de personas.

Durante aquella década, la realidad de la frontera era muy diferente a la actual. El tránsito diario de trabajadores marroquíes, comerciantes y habitantes de ambos lados era habitual, y la presión migratoria hacia Europa aún no había alcanzado las dimensiones que aparecerían años después. En algunos puntos, la valla apenas superaba el metro de altura y podía franquearse con relativa facilidad, si bien la frontera estaba constantemente vigilada por el ejército, quienes disponían por entonces de medios técnicos muy limitados.

La situación comenzó a cambiar a finales de los años 80 y, sobre todo, durante la década de 1990. El aumento de la inmigración irregular y el papel de España como frontera exterior de la Comunidad Europea llevaron a reforzar progresivamente el perímetro de Melilla. La sencilla alambrada fue sustituida por vallados cada vez más altos y resistentes, acompañados de sistemas de vigilancia, cámaras y otros elementos de seguridad.

Fotografía de la valla de Melilla en los años 70

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