Durante casi tres décadas, el Mars Bar fue uno de esos lugares que no intentaban gustar a todo el mundo, y probablemente por eso se volvió legendario. Este icónico local abrió sus puertas en 1984, cuando el East Village de Nueva York aún era un barrio áspero, creativo y peligroso a partes iguales. Situado en el número 25 de East 1st Street, el bar se convirtió rápidamente en un imán para punkis y todo tipo de artistas, músicos y escritores alternativos, así como simplemente clientes que huían de los locales de moda.
El Mars Bar era famoso por su ambiente crudo y decadente, casi inmune al paso del tiempo. Las paredes, el techo e incluso la barra estaban cubiertos de pintadas y capas de grafitis, firmas y mensajes dejados por generaciones de clientes. Un auténtico antro donde nada parecía limpiarse del todo, porque eso formaba parte de su identidad. Sus baños, en particular, alcanzaron un estatus casi mítico por su estado lamentable, al punto de ser citados con frecuencia como "los peores de Nueva York".
En cuanto a la música se refiere, el Mars Bar apostaba por una mezcla directa y sin filtros: punk rock, garage, grunge y rock alternativo, mezclado con heavy metal y hip-hop, casi siempre saliendo de una vieja jukebox que permitía a los clientes decidir la banda sonora de la noche. No era raro escuchar a The Ramones, Iggy Pop, Sex Pistols, Misfits, Nirvana, Slayer, Dead Kennedys o The Stooges, creando un ambiente que encajaba perfectamente con la estética del lugar.
La oferta de bebidas era generalmente mínima, reducida a cervezas baratas y chupitos. El Mars Bar nunca intentó modernizarse ni "mejorar" su imagen, incluso cuando el barrio comenzó a gentrificarse a su alrededor. Mientras otros bares se reinventaban, el icónico Mars Bars permanecía obstinadamente igual, como una cápsula del tiempo del Nueva York más salvaje y decadente de los años 80.
Su particular estilo le llevó a aparecer en numerosas fotografías, documentales y reportajes sobre la vida nocturna neoyorquina, convirtiéndose en un símbolo visual de la ciudad previa a la transformación inmobiliaria. Para muchos, entrar al Mars Bar era como experimentar una versión de Nueva York que ya estaba desapareciendo.
El final de este mítico bar llegó en 2011, cuando el local cerró definitivamente tras diversos problemas con el Departamento de Salud y la inminente demolición del edificio para dar paso a nuevas construcciones. Su cierre fue interpretado por muchos como el fin simbólico del viejo East Village, ese barrio indomable donde la creatividad y el caos convivían sin pedir permiso.


















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