A finales de la década de 1950 surgió una curiosa moda juvenil conocida como "phone booth stuffing" (literalmente "rellenar cabinas telefónicas"). El reto consistía en introducir el mayor número posible de personas dentro de una cabina telefónica pública, las pequeñas estructuras de metal y vidrio que durante décadas fueron un elemento habitual en calles, estaciones o campus universitarios,. Aunque hoy pueda parecer una simple broma sin importancia, en su momento se convirtió en una auténtica tendencia entre estudiantes de institutos y universidades, especialmente en Estados Unidos.
El origen exacto de esta práctica no está completamente claro, pero comenzó a popularizarse hacia finales de los años 50 en distintos campus universitarios. Una de las primeras iniciativas de este tipo que se tiene constancia tuvo lugar en 1959 en Durban, Sudáfrica, cuando un grupo de veinticinco estudiantes se apiñó en una cabina telefónica y envió una foto al Libro Guinness de los Récords.
Por aquellos años, la generación del baby boom estaba alcanzando la edad universitaria y el ambiente estudiantil favorecía este tipo de desafíos colectivos, que combinaban humor, espíritu competitivo y ganas de llamar la atención. Los estudiantes trataban de superar el récord anterior metiendo cada vez más personas dentro de la cabina, lo que implicaba comprimirse literalmente unos contra otros hasta cerrar la puerta. En ocasiones también se contaba a quienes quedaban parcialmente dentro o colgados de la estructura.
Las fotografías de estos intentos empezaron a aparecer en periódicos locales y revistas, lo que ayudó a difundir rápidamente la moda en el Estados Unidos de los años 50. En algunos casos, incluso se organizaron pequeños concursos entre escuelas para ver quién conseguía el récord. Las cifras variaban según las reglas utilizadas, pero en muchos intentos se lograban meter más de veinte personas en una sola cabina, y en algunas ocasiones el número llegó a acercarse o superar la treintena si se incluía a quienes se apoyaban desde fuera.
El fenómeno no tardó en extenderse más allá de Estados Unidos. También se registraron intentos similares en países como el Reino Unido, Canadá o Australia, donde los estudiantes repetían el desafío utilizando las cabinas telefónicas locales. Sin embargo, la moda fue relativamente breve. A mediados de la década de 1960 comenzó a desaparecer, en parte porque muchas cabinas terminaban dañadas tras los intentos y las autoridades empezaron a prohibir estas prácticas en espacios públicos o campus universitarios.










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