En los años 20, el automóvil dejó de ser un objeto exclusivo para convertirse en un símbolo de progreso accesible, un bien aspiracional de la clase media urbana. Un claro ejemplo de este cambio es un anuncio de Ford en España que resume perfectamente esta transformación.
La marca Ford Motor Company, fundada por Henry Ford, había revolucionado la industria con la producción en cadena y modelos asequibles como el Ford Model T. En España, aunque la motorización era mucho menor que en Estados Unidos, Ford ya operaba con ensamblaje local (por ejemplo, en Barcelona).
La publicidad de este antiguo anuncio destaca un aspecto sorprendente para la época: "por su seguridad y fácil manejo, su esposa o su niño pueden conducirlo". Este mensaje, que puede parecer impensable a día de hoy, era en realidad rompedor en términos de marketing, ya que servía para mostrar la simplicidad técnica del vehículo, dejando atrás la idea de que conducir era una actividad reservada exclusivamente a hombres expertos. Ford no vendía solo coches; vendía confianza.
Como curiosidad, la frase "Pesetas 7880 sobre vagón Barcelona", sirve para indicar el precio (7.880 pesetas de los años 20, lo que era una cantidad considerable en la época) y la logística de entrega, que consistía literalmente en que el coche se entregaba cargado en un vagón de tren, quedando el transporte final y otros costes a cargo del comprador.

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