El trágico hundimiento del SS Vestris en 1928 y las históricas fotografías tomadas durante la catástrofe

A finales de la década de 1920, los grandes transatlánticos representaban el progreso, la velocidad y la conexión entre continentes. Sin embargo, el mar seguía siendo un entorno impredecible, capaz de convertir un viaje rutinario en una tragedia. Ese fue el caso del SS Vestris, un buque de pasajeros británico cuyo hundimiento en 1928 conmocionó a la opinión pública internacional y puso de manifiesto graves problemas de seguridad marítima.

El Vestris había sido construido en 1912 para la compañía británica Lamport & Holt Line y durante años cubrió rutas entre Europa y Sudamérica. Con más de 150 metros de eslora y capacidad para cientos de pasajeros, era considerado un barco moderno y cómodo para la época. Sus viajes conectaban regularmente puertos como Liverpool, Río de Janeiro, Santos y Buenos Aires, transportando tanto viajeros como carga.

La tragedia comenzó el 10 de noviembre de 1928, cuando el Vestris zarpó de la ciudad de Nueva York con destino al Río de la Plata. A bordo viajaban más de 300 personas entre pasajeros y tripulantes. En los primeros días de travesía, el barco se encontró con un fuerte temporal en el Atlántico. Las malas condiciones meteorológicas no eran algo extraordinario para un transatlántico de la época, pero en el caso del Vestris existía un problema mucho más grave.

Al parecer, el buque sufría filtraciones de agua que ya habían sido motivo de preocupación anteriormente. Durante la tormenta, el agua comenzó a entrar en las bodegas con mayor rapidez de la que podía ser evacuada. Poco a poco, el barco empezó a escorar peligrosamente hacia estribor. Lo más preocupante fue que la situación tardó en comunicarse con claridad tanto a los pasajeros como a las autoridades marítimas.

Mientras la inclinación del barco iba en aumento, la tripulación intentó controlar la emergencia y mantener la calma a bordo. Sin embargo, la escora dificultaba enormemente las maniobras y el uso de los botes salvavidas. Cuando finalmente se emitieron las señales de socorro, varios barcos y aeronaves acudieron en ayuda del transatlántico, pero el tiempo jugaba en contra de los supervivientes.

Durante la mañana del 12 de noviembre, tras horas luchando contra el temporal, el Vestris alcanzó una inclinación crítica. Muchos de los botes salvavidas fueron arriados en circunstancias extremadamente difíciles; algunos se volcaron al tocar el agua y otros quedaron inutilizados. Pasajeros y tripulantes se vieron obligados a abandonar el barco en medio de olas enormes y fuertes vientos.

Finalmente, el transatlántico se hundió en el Atlántico, aproximadamente a unos 400 kilómetros de la costa de Virginia. El desastre costó la vida a 111 personas, aunque algunas fuentes elevan ligeramente la cifra, dependiendo de cómo contabilizan a determinados pasajeros y miembros de la tripulación. Las imágenes de los supervivientes rescatados y los relatos de quienes habían pasado horas aferrados a restos flotantes causaron una gran impresión en la prensa internacional.

La investigación posterior fue especialmente crítica con la gestión de la emergencia. Se cuestionó el estado del barco antes de zarpar, la tardanza en emitir las señales de socorro y la forma en que se organizó la evacuación. El hundimiento demostró que incluso los grandes transatlánticos considerados seguros podían ocultar problemas estructurales peligrosos.

Aunque hoy en día es una tragedia mucho menos conocida que el hundimiento del RMS Titanic o el del RMS Lusitania, el desastre del Vestris tuvo consecuencias muy importantes. Llevó a las autoridades marítimas a revisar los procedimientos relacionados con las comunicaciones de emergencia y la seguridad de los pasajeros, contribuyendo a mejorar las normas internacionales de navegación.

Un siglo después, el hundimiento del SS Vestris sigue siendo recordado por los historiadores navales como una de las mayores tragedias marítimas civiles de los años veinte. Un desastre que no fue provocado por un iceberg ni por una guerra, sino por una combinación fatal de mal tiempo, problemas técnicos y errores humanos.

Un detalle poco conocido de esta tragedia es que algunos miembros de la tripulación y pasajeros lograron tomar fotografías a bordo del barco durante el hundimiento, cuando intentaban arriar los botes salvavidas. Las imágenes muestran al SS Vestris escorado de forma cada vez más pronunciada mientras el temporal azotaba la cubierta, ofreciendo un testimonio visual excepcional de los últimos momentos del transatlántico. 

Tras la tragedia, varias de estas fotografías fueron publicadas por periódicos y revistas de todo el mundo, convirtiéndose en algunos de los documentos gráficos más valiosos sobre un naufragio en pleno desarrollo y permitiendo que las generaciones posteriores pudieran contemplar con sus propios ojos los angustiosos momentos finales del SS Vestris.

Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía hundimiento del SS Vestris


Fotografía del transatlático SS Vestris

La increíble hazaña de Charles Godefroy atravesando con un biplano el Arco del Triunfo de París en 1919

En el verano de 1919, París todavía respiraba el ambiente de posguerra tras el final de la Primera Guerra Mundial. Francia celebraba la victoria aliada con grandes desfiles en la capital, especialmente en la avenida de los Campos Elíseos, donde se honraba a los soldados que habían combatido en el frente. El mando militar ordenó a los aviadores que participaran a pie en el gran desfile del 14 de julio de 1919, al igual que la infantería, un detalle que los pilotos se tomaron como una provocación, ya que se consideraban a sí mismos "héroes del aire".

Como forma de protesta, un grupo de pilotos celebró una reunión en un bar cercano a los Campos Elíseos para responder a esta afrenta. El objetivo era elegir a uno de ellos para sobrevolar el Arco del Triunfo durante el desfile. La elección recayó en Jean Navarre, un as de la aviación con 12 victorias aéreas, sin embargo, Navarre falleció en un vuelo de práctica el 10 de julio.

Charles Godefroy, un piloto experimentado que había servido durante el conflicto y que contaba con más de 500 horas de vuelo, se ofreció voluntario para realizar el vuelo en lugar de Navarre. Junto al periodista Jacques Mortane, Godefroy inspeccionó el Arco del Triunfo varias veces para examinar la ruta aérea y las corrientes de aire.

El 7 de agosto de 1919, tres semanas después del desfile de la victoria, en secreto y vestido con su uniforme de suboficial, Godefroy despegó a las 7:20 de la mañana del aeródromo de Villacoublay en un biplano Nieuport 27 y poco después llegó al centro de París. Primero sobrevoló el Arco del Triunfo dos veces, y finalmente decidió ejecutar una maniobra mucho más arriesgada.

Tomó velocidad y forzó el avión a descender para atravesar por debajo el famoso Arco del Triunfo parisino. Su margen de error era realmente escaso, ya que la anchura del Arco es de 14,50 metros, poco más que la envergadura de su avión, de 8,21 metros. 

En un instante de gran tensión y precisión, alineó el aparato con la estructura del arco y lo atravesó, pasando por el espacio central del monumento sin tocar sus muros. La maniobra fue extremadamente arriesgada y el margen de error era mínimo, cualquier desviación habría resultado en un accidente fatal.

Su amigo y fotógrafo Jacques Mortane hizo que se filmara y fotografiara esta arriesgada pero increíble hazaña. La proyección de la película fue prohibida por el comisario de policía, y aunque Godefroy se mantuvo oficialmente en un segundo plano, su nombre no pudo mantenerse en secreto por mucho tiempo. Por temor a que otros pudieran imitarlo, las autoridades desaprobaron oficialmente lo sucedido, pero Godefroy consiguió salir indemne, ya que únicamente recibió una amonestación oficial sin mayor trascendencia.

El vuelo no fue un espectáculo autorizado ni celebrado oficialmente en su momento, pero con el tiempo se convirtió en una de las hazañas más célebres de la aviación temprana. Más allá del desafío técnico, el gesto de Godefroy servía como un símbolo de orgullo y reivindicación de los aviadores en una época en la que la aviación militar aún buscaba su lugar dentro de las fuerzas armadas tradicionales.

La increíble hazaña de Charles Godefroy atravesando con su biplano el Arco del Triunfo de París en 1919

Fotografía de Charles Godefroy

El biplano Nieuport 27 utilizado por Charles Godefroy

Noticia en la prensa de la hazaña de Charles Godefroy atravesando el Arco del Triunfo de París